Por Alfredo Ygel
Para LA GACETA - Tucumán

No hay dudas acerca de que la singularidad de nuestra existencia tomó un nuevo rumbo para quienes hicimos el pasaje por esa experiencia inédita que Freud inventó, la travesía por un análisis. Allí, conducidos por un psicoanalista, en la confortable intimidad de un consultorio, en la suave penumbra que nos daba cobijo y sosiego, fuimos viviendo esa nueva historia de amor. Nuestros síntomas e inhibiciones, nuestras angustias, fueron iluminándose en su oculto sentido mientras íbamos develando su determinación hasta entonces oculta y su lugar en nuestra historia. Nuestras palabras fueron bordando y bordeando los agujeros de nuestro devenir como sujetos, permitiéndonos enfrentar de otro modo lo doloroso de la vida, al tiempo que nos posibilitaba alcanzar aquellos goces posibles en cada encuentro con los objetos que recortaba nuestro deseo. El camino que recorrimos tuvo obstáculos. ¿Cuantas veces no fuimos ganados por nuestras más férreas resistencias? ¿Cuántas veces no estuvimos a punto de ceder bajo la tentación del confort o de los imaginarios de caminos más cómodos y fáciles? Pero la peste transmitida por el padre del Psicoanálisis fue más fuerte que los antivirus del yo. El deseo indestructible insistió, sosteniéndonos en la búsqueda de la verdad. 
Es desde estas marcas trazadas en cada uno de nosotros que venimos a expresar nuestra gratitud al hombre que se atrevió a descender al averno a fin de descubrir aquello desconocido, que influye en nuestro sufrimiento y hasta en los más insignificantes tropiezos de la vida cotidiana. Tributo al héroe intelectual que desafió los prejuicios de la Viena victoriana apuntando a la sexualidad como origen y motor tanto del deseo como de las patologías de los hombres. Reconocimiento al científico que supo descifrar los enigmas de nuestros sueños designándolos como la vía por donde acceder a nuestros deseo ocultos.  Tributo al Aníbal moderno que se animó a asestar el tercer golpe al narcisismo de la humanidad, luego de Copérnico y Darwin, al transmitir  la ingrata noticia de que el hombre no es el soberano de su alma. Reconocimiento al hombre que supo situar a la palabra como la que posibilita al humano la salida frente al dolor del sufrimiento psíquico. Gratitud, también, al investigador de los enigmas humanos, que supo avanzar sobre sus obstáculos y modificar sus teorías cuando su clínica le demostraba que había errado en el blanco. 

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Alfredo Ygel - Psicoanalista, profesor de
la Facultad de Psicología de la UNT, titular 
del Grupo de Psicoanálisis de Tucumán.